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El futuro de la lidia: La memoria del llanto. (Francisco González Ledesma)

Perdonen si empiezo con una confidencia personal: yo, que soy contrario a los toros, entiendo de toros. Durante años, cuando me recogieron en Zaragoza durante la posguerra, traté casi diariamente con don Celestino Martín, que era el empresario de la plaza. Eso me permitió conocer a los grandes de la época: Jaime Noain, El Estudiante, Rafaelillo, Nicanor Villalta. Me permitió conocer también, a mi pesar, el mundo del toro: las palizas con sacos de arena al animal prisionero para quebrantarlo, los largos ayunos sustituidos poco antes de la fiesta por una comida excesiva para que el toro se sintiera cansado, la técnica de hacerle dar con la capa varias vueltas al ruedo para agotarlo... Si algún lector va a la plaza, le ruego observe el agotamiento del animal y cómo respira. Y eso antes de empezar. Vi las puyas, las tuve en la mano, las sentí. El que pague por ver cómo a un ser vivo y noble le clavan eso debería pedir perdón a su conciencia y pedir perdón a Dios. ¿Quién es...

Leopoldo Abadía: "La hora de los sensatos"

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Entre tanta novela suelta, nos encontramos con una novedad que se sale de este camino y entra en un tema que, tal como está la cosa, nos incumbe a todos, se trata de economía y de la crisis que nos ha tocado vivir. Y antes de nada, he de reconocer que me encanta esta materia. Sí, lo siento, todos tenemos nuestras rarezas… Así, nos llega La hora de los sensatos, el nuevo libro de Leopoldo Abadía, toda una revolución en la economía y que está a la venta desde el pasado ocho de Enero de la mano de Espasa Calpe. Y es que este hombre ha conseguido lo que suele ser más difícil en este campo, traer la economía a pie de calle, y ha hecho posible explicarnos a todos de una manera muy llana, entendible y amena, temas muy enrevesados y complejos. Todo comenzó cuando Leopoldo, que hoy cuenta con setenta y seis años, publicó un artículo en su página web en el que explicaba a qué se debía la crisis económica actual, llegando a miles de lectores en pocas semanas y convirtiéndose en todo un fenóme...

Los verdaderos piratas -la otra realidad- (Joaquim Sempere)

En 1991 se hundió el orden político de Somalia, país que sucumbió a una guerra civil empeorada por la intervención estadounidense. El colapso político dejó la sociedad somalí sin defensas, situación que fue aprovechada por navíos procedentes de Europa, Estados Unidos, China y otros países para verter en sus aguas grandes cantidades de residuos tóxicos y radioactivos. El abuso se hizo visible cuando, en 2005, un tsunami depositó en las playas y costas somalíes bidones corroídos y otras muestras de estos residuos. Según el enviado de las Naciones Unidas en Somalia Ahmadou Ould-Abdallah, la porquería tóxica acumulada en pocos días por la catástrofe marina provocó úlceras, cánceres, ...

Vicente Ferrer. Homenajes

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Estos días se celebran en varias ciudades españolas otros tantos actos de homenaje a Vicente Ferrer. De sobra conocido, huelgan más palabras de alago hacia su persona, hacia su labor, ya que todo ha sido dicho. Unicamente republicar una entrevista en el año 2002 cuando contaba 82 de edad y, ya sabio, había logrado materializar su enorme compasión en hechos que beneficiaban diariamente a cientos de miles de personas en India. Un hombre que caminaba ya entonces por las tierras de la Felicidad. Me llamo Vicente Ferrer. Tengo 82 años. Soy catalán y vivo en Anantapur. Llegué a India hace 50 años como misionero jesuita, pero abandoné la orden . En 1969 me casé con Anne. Tenemos tres hijos: Tara, Yamuna y Moncho. Mi política es la acción : para hacer frente a los problemas hay que actuar sobre las causas. La Fundación Vicente Ferrer gestiona a través del Rural Development Trust un programa de desarrollo integral con la casta e los intocables. Lo tengo todo resuelto. ¿Todo, todo? Sí; no ten...

Las tiendas desaparecidas (Arturo Pérez-Reverte)

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Cada vez que doy un paseo veo más tiendas cerradas. Algunas, las de toda la vida, habían sobrevivido a guerras y conmociones diversas. Eran parte del paisaje. De pronto, el escaparate vacío, el rótulo desapercido de la fachada, me dejan aturdido, como ocurre con las muerte súbitas o las desgracias inesperadas. Es una sensación de pérdida irreparable, aunque sólo haya echado vistazos al escaparate, sin entrar nunca. Otras de esas tiendas son negocios recientes: comercios abiertos hace un par de años, e incluso pocos meses; primero, los trabajos que precedían a la apertura, y después la inauguración, todo flamante, dueños y dependientes a la expectativa, esperanzados. Ahora paso por delante y advierto que los cristales están cubiertos y la puerta cerrada. Y me estremezco contagiado de la desilusión, la derrota que trasmite ese triste cristal pegado al cristal con las palabras se alquila o se traspasa. En lo que va de año, la relación es como de una lista de bajas depués de un combate...

Otro Bilbao del que muestran

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El excelente artículo de Arturo Pérez Reverte que figura bajo el que nos ocupa me transporta a un caso kafkiano que permanece a la vista de quien tenga las agallas de darse una vuelta por el sitio, situado éste en la ciudad de Bilbao. Un paseo por el barrio de San Francisco (desde hace unos años mal denominado Bilbao La Vieja) nos hará comprender con meridiana claridad a que se refiere el amigo Arturo y lo mal que huelen los políticos que tenemos la desgracia de soportar. Los bilbainos han dado por perdida esa zona de la ciudad, ignorándola y recomendando a cualquier visita o amigo foraneo que por nada del mundo entre en ese geto. De la misma manera, las agencias y mayoristas de viajes, hoteles, oficina de información turística de Bilbao, policías diversas, aconsejan a los visitantes no acercarse por ese barrio bilbaino. Sin embargo el propio alcalde y su equipo de gobierno venden la recuperación del barrio en foros europeos donde, además, reconocen sus esfuerzos y, sorprendentemente, ...

Esa gentuza (Arturo Pérez-Reverte)

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P aso a menudo por la carrera de San Jerónimo, caminando por la acera opuesta a las Cortes, y a veces coincido con la salida de los diputados del Congreso. Hay coches oficiales con sus conductores y escoltas, periodistas dando los últimos canutazos junto a la verja, y un tropel de individuos de ambos sexos, encorbatados ellos y peripuestas ellas, saliendo del recinto con los aires que pueden ustedes imaginar. No identifico a casi ninguno, y apenas veo los telediarios; pero al pájaro se le conoce por la cagada. Van pavoneándose graves, importantes, seguros de su papel en los destinos de España, camino del coche o del restaurante donde seguirán trazando líneas maestras de la política nacional y periférica. No pocos salen arrogantes y sobrados como estrellas de la tele, con trajes a medida, zapatos caros y maneras afectadas de nuevos ricos. Oportunistas advenedizos que cada mañana se miran al espejo para comprobar que están despiertos y celebrar su buena suerte. Diputados, nada menos. Si...