Bordes (Juan Bas)

Todos somos bordes algunas veces. Nos mostramos ariscos, antipáticos, cortantes, por tener un mal día, por actitud defensiva ante un agravio o sin saber porqué, por mera inercia. Pero ser borde todo el tiempo, la práctica constante de mostrar aspereza a los demás, sin excepciones, requiere vocación, profesionalidad, entrega; es un sacerdocio. El borde auténtico se parece al tonto en que ninguno de los dos descansa nunca. Pero se diferencia de éste en que el ejercicio de su ministerio suele ser voluntario y consciente; el tonto ni siquiera sabe que lo es. Aunque también hay bordes inconscientes cuya antipatía ontológica, unida a la ausencia total del conócete a ti mismo, da por resultado el que andar por la vida siendo un esquinado perenne les parezca lo más normal del mundo, su carácter, como cualquier otro. Son de los que se sienten justificados por un brutal sentido de la sinceridad, la cual nadie les ha pedido. El borde profesional no suele ser tonto, pero...