La desconfianza (Juan Bas)

Pasaré casi por alto lo evidente. Si al fondo de una callejuela tétrica ves que te esperan dos tipos mal encarados con navajas en la mano, es más que probable que no se propongan cortate queso para que te hagas un bocadillo. La desconfianza irrumpe a la vez que el instinto de conservación; huyes en dirección contraria. Otra cuestión menos evidente es la desconfianza que surge automática hacia una persona que acabas de conocer y de quien no tienes referencias de que sea alguien de cuidado. Quizá es pura intuición derivada de las colisiones químicas o en tu inconsciente tienes archivados arquetipos de formas de mirar, hablar o gesticular que te disparan la desconfianza porque te sugieren falsedad, motivaciones ocultas. Pero también esto es bastante primario. Más me interesa la reflexión sobre el territorio que podría llamarse el limbo. Personas que no te infunden en absoluto desconfianza, pero de las que sabes que nunca llegarías a desarrollar con ellas una autén...