El día que se me acabó el helado, o Qué pasa con la impermanencia. (Naylín Núñez)

Un día hace muchos años estaba tomándome un helado, uno de esos que más me gustan, que no porque hayan pasado los años han dejado de gustarme… A pesar de la alegría, del disfrute del momento, me sentí súper triste porque de pronto pensé: “¡Dentro de nada se me va a acabar!” Y recodé algunos buenos momentos en mi vida que habían terminado… A veces duran años, como una relación, o a veces minutos, como un helado. Y me sentí muy triste por eso, incluso pensé: no sé ni para qué me tomo el helado si el disfrute se me acabará muy pronto… Hoy me volví a acordar de ese día, y no porque tuviera un helado como aquel enfrente… Es que nunca llegué a conectar bien con el sentido lo de que me pasó ese día y hoy, al recordarlo, lo he entendido. Es el APEGO lo que me hacía no disfrutar plenamente del momento. Con el temor a que se acabara, la tristeza y el miedo eran más grandes que la felicidad que podía darme comerme el heladito que tanto me gusta. Quizás el ejemplo del helado sea ...